Cambia tu Historia.

Erase una vez, un niño que nació en un país diferente al vuestro. Con otro idioma, otra cultura y otro clima. Un día a los 6 años sus padres le dijeron que volverían todos juntos a su tierra natal, ya que eran inmigrantes y la echaban mucho de menos.

Tuvo que dejar atrás, la lengua que aprendió desde bien pequeño, la estabilidad de un hogar, los amigos, sus juguetes. Hasta su BH blanca, una bicicleta que le permitió experimentar la libertad y la seguridad de moverse por su vida.

El amor de los padres a sus raíces era mucho más fuerte que la estabilidad de lo ya conocido. A pesar de pertenecer a unas tierras muy castellanas, escogieron ir a Barcelona. Un lugar en auge donde poder crear una nueva vida en familia.

Los inicios fueron difíciles para ese niño. Se sentía diferente. Todo había cambiado. Tenía que empezar de cero, e incluso aprender a hablar, para que le entendieran y ser aceptado. A su edad tenía que incorporarse con celeridad en el colegio para no retrasarse en los estudios. Y un día, ahí estaba él, sentado en un pupitre, intentando entender lo que le decían y con las consiguientes miradas y risas de los niños. Debido a su idioma y su pronunciación era motivo de burlas y motes que le ponían. Eso fue acentuando su timidez e introspección. Lo único que quería era ser uno más y pasar desapercibido.

Así pasaron los años. El niño fue creciendo. Seguía sintiéndose diferente. Ya no tenía que aprender un idioma, sino dos. Ya que el catalán y el castellano formaban parte de la cultura del lugar. Aprendiendo a comunicarse para sentirse integrado y aceptado.

Sin embargo, el sentirse distinto a los demás le hizo compararse y alimentar un sentimiento de inferioridad, que provocó que se fuera encerrando más en sí mismo. Fruto de ello fue aumentando su timidez que lo alejaba aun más de los demás.

A consecuencia de todas estas experiencias, este niño creció con un miedo enorme a los cambios. Siempre buscaba la seguridad de lo que era conocido para él. Cada vez que había un cambio, su cuerpo se desequilibraba y enfermaba. En realidad no se ponía enfermo porque había cogido frío, sino por esos cambios que provocaban sensación de inestabilidad en su vida. Pero eso lo averiguaría mas tarde. Mientras tanto, seguía sobreviviendo, luchando por ser igual a los demás. Ese era su propósito. Sólo quiero que me acepten y me quieran como soy, decía.

El tiempo iva pasando y fue creciendo. Dejándose llevar por la opinión de los mayores, siendo estos su referencia,  para escoger,  lo que ellos creían era mejor para él.  No pensaba, no sentía, ni se planteaba ver qué era lo que le gustaba en realidad. Su mente se limitó a repetir “no sé”. Era tal el miedo a los cambios, que en realidad, no quería saber.

Le ayudaron a escoger los estudios que más salida profesional tenían. La informática iniciaba entonces. Fue en una de sus clases de programación cuando un compañero le dijo, que el ordenador tenía un virus y provocaba que un carácter se moviera indistintamente por la pantalla. Con las consiguientes bromas, que si hay que taparlo, que ha cogido frio. O por donde le introducimos la pastilla para que se cure y no acabes tirándote de los pelos con la dichosa pelotita o cojas la pantalla y te den ganas de que salga volando por la ventana.

Gracias a esos estudios encontró un trabajo que le permitió ir cogiendo seguridad, confianza y con la consiguiente prosperidad en su vida.

Siempre ese niño había querido ser aceptado, valorado y querido por lo que hacía. Y lo consiguió. Por fin la estabilidad emocional y económica que había buscado durante toda su vida. Sin embargo a pesar de ganar mucho dinero y tener mucha responsabilidad. No se sentía pleno, ni feliz. Algo no iva bien. La vida, se decía, es algo más que hacer y ganar siempre lo mismo. Sí, te permite tener muchas cosas materiales, un buen coche, una vivienda, un estatus social. Sin embargo, algo en su interior luchaba por emerger,  por recuperar su esencia, por mostrar quien era en realidad.

Esa sensación le hizo entrar en una búsqueda interior que provocó, luchas, emociones, pensamientos que desestructuraban toda la estabilidad que tanto había anhelado.

Sus manos estaban acostumbradas a programar las teclas del ordenador. Su mente habituada  a gestionar, dirigir, organizar, resolver conflictos, crear soluciones. Su corazón sentía que todo estaba bien, estable, tranquilo, incluso serenamente rutinario.

Pero, un día decidió hacer algo diferente. Se atrevió a experimentar algo que siempre había querido aprender y que tan siquiera se había planteado.  Le enseñaron a utilizar sus manos para mover, relajar, aliviar y tonificar la energía que fluye por el cuerpo. A medida que iva adquiriendo estos nuevos conocimientos, una energía diferente de ilusión, de ganas de saber más, iva creciendo en su interior. Sin embargo, fue una imagen y unas palabras las que hicieron que sintiera la certeza de que ese, era su camino. Después del masaje, se levantaban con el rostro relajado, sosegado, lleno de paz, de serenidad y esas palabras que eran música para sus oídos,  “Que alivio, que bien me siento, gracias”.

Así estuvo ayudando a aliviar el desequilibrio físico de muchas personas. Al cabo de un tiempo se dio cuenta que las mismas personas repetían sus tensiones que les producía dolor y limitación en sus vidas. Algo faltaba.

Siguió aumentando sus conocimientos, estudiando quiropraxia para ajustar, equilibrar las vértebras de la espalda y así poder relajar toda la musculatura al liberar las terminaciones nerviosas. Aliviaba, pero no sanaba. Pasó el tiempo y de nuevo… faltaba algo más.

Estudió kinesiología, para medir la respuesta tendinomuscular y saber lo que tu cuerpo necesita o le perjudica. Aún así sentía, que necesitaba más.

Prosiguió sus estudios en Naturopatía. Fue estupendo asimilar el conocimiento occidental a tantos años de historia aplicada a la fitoterapia, ortomolecular, homeopatía, flores de Bach, dietética, fisiología, radiología, terapia del terreno, iridiología… Siguió en su búsqueda.

A su vez lo compaginó con estudios de Acupuntura, unos conocimientos milenarios apasionantes de la cultura oriental. Y continuó.

Y así prosiguió, posturologia, talleres complementarios, terapia gestal, constelaciones familiares.  Seguía faltándole algo.

Y un día una palabra llego a este chico ya convertido en hombre. Lo que siempre había buscado, lo que tanto tiempo y con esfuerzo había realizado. Por fin, llegó a él.

Unas palabras se repetían una y otra vez “ir al Origen”, en el origen está la respuesta de todo cuanto nos afecta. El origen de nuestros males, del sufrimiento, de todo lo que nos pasa y atraemos a nuestra vida.

Ahí está la Solución, pensó. Claro, hasta que no fuera a ese origen, no descubriría cual es su autentico dolor. No se daría cuenta donde está su limitación y cuál es el aprendizaje para no volver a repetir lo mismo, se decía.

E inició este nuevo camino. En el cual una gran maestra apareció en él. Alguien que por entonces, realizaba terapias y talleres para ayudar a conectar a las personas con su Alma y saber quien son y qué han venido a hacer. Lo experimentó y sintió que alguien le ayudaba a descubrir todo lo que tanto tiempo estaba oculto en él. Esa persona no lo juzgaba, simplemente le ponía en contacto con su interior. Le acompaño en el más apasionante viaje a lo más profundo de su Alma. Donde estaba la oscuridad de tantas emociones reprimidas y a su vez la luz más maravillosa que le permitiría volver a Ser.

Es entonces cuando se formó en esa terapia que le ayudó a volver a Ser, el mismo. Realizando cursos, talleres, encuentros. Sacándose incluso un Master en esta especialidad. Una formación basada en la experiencia de haber vivido y sentido la transformación de muchas emociones que le impedían recuperar quien es, en realidad.

Un 10 de julio del 2010. Después de un arduo trabajo de investigación emocional. Consiguió el reconocimiento a su labor. Delante de sus seres queridos. Recibiendo de su Maestra, aquella que le había ayudado tanto a reencontrarse con él mismo. Le hizo entrega de su Doctorado. Y posteriormente a sus compañeras que ya por entonces trabajaban juntos en el Instituto. Un centro de sanación emocional donde serenar la mente, aliviar el corazón y equilibrar el cuerpo físico. Doctores que sanan el Alma.

Gracias a su Maestra la Directora del Instituto Ataraxia, Esther Francia y sus compañeras Marga, Inma, Carmen, Silvia. Encontró su Causa. Aprender, Ayudar y Amar.

A veces nos empeñamos en querer ser igual a los demás. Y olvidamos que hay un ser único que desea renacer a una nueva vida de emoción, de alegría, de pasión. Una vida plena para compartir con los que más quieres. Un ejemplo a seguir para tus hijos. Un legado que perdurará en el tiempo a través de ellos. Un planeta que vibra en resonancia con los seres vivos que habitan en él. Un mundo mejor que se crea empezando por descubrir, quién eres y que has venido a hacer.

Todos tenemos una historia. La tuya te hace Único y diferente.

Si quieres que algo cambie. Haz cosas diferentes. Piensa de forma diferente. Se diferente.

Gracias por llegar hasta aquí.

Conviértete en el cambio que quieres ser.

Se tu mismo. Tu Alma rebosará de dicha. Tu mente se apaciguará. Tu corazón latirá con pasión.

Y tu cuerpo, se pondrá a Bailar.

Los cambios son la semilla que te hace crecer. Aprovecharlos hace que te sientas Vivo.           

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